Si bien es cierto Dios cuando nos creó nos dió un libre albedrio lo que significa que cada persona es libre de pensar y actuar como mejor le parezca, siendo ella misma la unica responsable de los actos ´¿cierto? pues bien, una parte de mi quiere ser libre, vivir, sentir, emocionarme, estremecerme y disfrutar sin limites cada momento, la contraparte: Mi Conciencia, mi otro yo, esa parte de mi que me dice que no haga locuras, me pone limites, me cuestiona, me aturde y no me deja tranquila.
***
Estuve de nuevo a solas con aquel chico, a decir verdad, no esperaba mucho del encuentro, lo deseaba si, pero tras un agobiante y largo dia, mi unica recompensa seria acudir a esa cita que habiamos pactado.
Ocurrieron varias cosas antes de verlo, el tiempo pasó lento, y cuando estaba por regresar a casa, tuve noticias de él, a decir verdad no me alegró en absoluto, estaba ya tan cansada y abrumada por conseguir algo que necesitaba que cuando llegó la señal que definiría nuestro encuentro sentí que no me ilusionó tanto.
Ofreció ayudarme. Acepté. pidióo que lo alcanzara en una dirección, acudí.
Ya estando en su despacho, conversamos un rato mientras escuchabamos un poco de música, y al mismo tiempo se resolvía aquello que me preocupaba.
Admito que estaba yo muy tensa, un tanto seria, incómoda de tener que acudir a él a pesar de que había olvidado o pospuesto nuestra cita.
Los minutos pasaban y poco a poco me fuí relajando con la plática y por supuesto por la compañía.
Quería decirle lo mucho que me alegraba verlo, lo bien que me siento cuando estoy en su compañía, pero no quise estropear el momento con mis cursilerías y me quedé callada.
Tomamos unos tragos de tequila, charlamos, bromeamos, hablamos de planes, negocios. Él sentado en su silla de trabajo trás el escritorio del despacho, y yo frente de el.
Te molesta si fumo? - me dijo-. Respondí que no.
Pero tuvo una mejor idea. Me invito a subir a la terraza de su oficina y permenecer ahi mientras el se fumaba el cigarrillo, para así no molestarme con el humo (sabe que no fumo).
Su oficina estaba a media luz, pero el resto del edificio estaba casi en penumbras, a lo mucho se veían tras el cristal las luces que alumbraban la calle. Mientras subiamos las escaleras, el iba adelante y yo tras el, sosteniendome de una de sus manos, en la otra mano, llevabamos cada quien el vaso con un poco de tequila. Me sentí un poco mareada, los tragos de tequila habían hecho un efecto inmediato porque tenía varias horas sin probar alimento. Subimos despacio.Llegamos al segundo piso, había un salón muy amplio, como una sala de juntas, con una mesa rectangular de marmol o granito en el centro. No había sillas, al menos yo no las vi. Al final del salón estaba el ventanal de cristal que daba a la terraza. La abrió para fumarse su cigarillo mientras yo permanecía de pie recargada sobre la enorme mesa.
No tardó mucho en terminar su cigarrillo, apenas si me di cuenta ya estaba junto a mi platicando. Con toda la naturalidad del mundo, nos sentamos sobre esa mesa y de frente al ventanal, se veía desde ahi la calle vacía, ya era tarde y eran pocos los carros que pasaban. Un movimiento torpe de mi parte ocasionó que el vaso casi vacío cayera al piso. Inmediatamente quise bajar de la mesa para levantarlo y él me lo impidió. Insistí en no dejarlo en el piso y me bajé de la mesa. Insistió que no era importante, me tomó de la mano y me acercó a su cuerpo.
Si en condiciones normales me atrae mas de lo que quisiera ese chico, con unos tragos de tequila encima es imposible resistirse. Me encanta que se acerque a mi cuello y me bese tan deliciosamente.
No, no puedo decir basta... me siento tan bien en su compañía, tan solo se acerca y mi sentidos se agudizan de forma impresionante, tanto que, hasta siento como fluye la sangre por mis venas, escucho acelerar mis latidos.
Sentir su respiración sobre mi piel me hace sentir algo asi como despegar los pies del piso, sentir sus manos recorriendo mi cuerpo me confirma que es real y no un sueño.
Él, de pie y recargando su cadera en el borde de la mesa, Yo, recargando mi espalda en su pecho mientras sus labios besan mi cuello y sus manos juguetean con mi melena, mis caderas, mis pechos... de vez en cuando le escuchaba decir algo en voz muy bajita, hacia gemiditos muy placenteros que no hacian mas que exitarme aun más.
Sus manos comienzan a subir mi falda acariciando suavecito mis muslos y caderas, para entonces ya habian transcurrido muchos minutos de deliciosos besos y caricias que me tenian ya en un punto de no retorno.
Quería más y él lo sabía.
Di media vuelta y nos fundimos en un apasionado beso, giramos de tal manera que yo quedé de frente a la mesa y el pegadito detrás de mi... bastó con poner mis manos sobre la mesa y disfrutar de un momento tan intensamente placentero.