sábado, 30 de julio de 2011

Finales del mes de Julio 2011, ciudad tranquila, demasiado tranquila, casi aburrida, sin planes programados.

Te ví.

Platicamos mucho en tu oficina.
Tú: sonriente y relajado
Yo: Yo solo quería verte de nuevo, estaba feliz y relajada.

Me fascina como aclaras mis dudas con respecto a tu carrera, a tus proyectos, debo reconocer que tienes muchísimas cualidades. Adoro esa manera tuya de hacer que todo fluya naturalmente sin presiones, siempre encuentras la manera de acercarte lo suficiente para que no me sienta incómoda.

Te levantaste de tu asiento y fuiste a ver un mapa de la ciudad que tenías en uno de los muros de tu oficina. Me pediste que me acercara -querías mostrarme el área en donde estarías desarrollando un proyecto-.


Mi mente traviesa ya sabía lo que sucedería ... pero amé la forma tan natural e inocente tuya de hacer que yo me acercara - fingí ingenuidad, te confieso-.

Juntos vimos el mapa, señalaste posiciones que de nuevo fingí entender, ni siquiera las ví, clavé mi mirada en tu mano, tus nudillos, y tus dedos.

Ahí estabamos ya. Parados. Frente a frente seguimos platicando muy cerquita por un tiempo brevísimo que se me hizo eterno hasta que pegaste mi cuerpo al tuyo. Y ahí sobre tu escritorio hicimos el amor.

Ese fué ... otro de esos desenfrenos que tengo bien fresco en mi memoria.

jueves, 21 de julio de 2011

Distancia

Has estado distante...han pasado semanas enteras en donde solo intercambiamos saludos, entre broma y broma me he atrevido a decirte que me tienes muy abandonada, siendo honestos, lo que no me atrevo a decirte es que : Te extraño mucho.


A veces me gustaría saber que pasa por tu mente, o si alguna ocasión piensas en mi, como yo en ti.


¿Sabes? después de todo lo que yo te extraño, sigo pensando que algo bueno estar lejos de ti, desde aquí a lo más que llego es a pensarte, extrañarte, enviarte un mensaje sin conexión, y en ocasiones hasta hablar con  tus recuerdos... pero me conozco, si estuviera en tu ciudad... no llenaría de verte, de ir a robarte unos cuantos besotes que me dejen sin aliento pero al mismo tiempo me llenen de alegría.


Sigues aqui... muy dentro de mí como desde el primer día, y eres como un amuleto que me da buena vibra.


Tengo tanto miedo de decirte todo esto que por eso mejor lo escribo, no quiero que cambie nada entre nosotros.

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