Estoy en mi oficina. ¿puedes venir tantito? Quiero Verte!
Esas palabras fueron música para mis oídos, en este caso: para mis ojos porque fué mensaje de texto.
Tenía escasos 15 minutos de haber salido de casa a tomar un poco de aire fresco y pensaba ir a casa de una amiga cuando recibí ese mensaje... de inmediato respondí, por supuesto que también quería verlo, necesitaba verlo!!
Tan guapo y sonriente como siempre, me abrió las puertas del edificio y entramos juntos hasta su oficina. Solo 5 minutos dedicados a cosas de trabajo y enseguida estaba tan cerca de mi como tantas veces lo he tenido, ¡ME ENCANTA! esta vez con un poco más de prisa por el poco tiempo disponible, me besaba al mismo tiempo que me despojaba de algunas de mis prendas...a medio vestir (o desvestir) dimos unos cuantos pasos hacia el interior de otra oficina desocupada, una vez más dábamos rienda suelta a nuestros deseos.
Me fascina, me exita mucho escucharle decir ciertas cosas cuando estamos en esos momentos de desenfreno.
Perdí la cuenta de cuantas veces hemos disfrutado momentos así, desde aquella vez que nos vimos por primera vez hasta hoy han pasado tantas cosas, es impredecible lo que sucederá cada vez que lo veo y eso hace que espere con muchas ansias y deseos nuestro próximo encuentro.
Un par de días después, estábamos en esa misma oficina, primero trabajando y después disfrutando juntos de un rico desayuno que ofrecí a cambio de un breve espacio en su agenda y su escritorio para terminar un asunto laboral que estaba pendiente. Ahí nos despedimos con un fuerte abrazo que duró lo justo para recargarme de su buena onda y marcharme con la esperanza de volverlo a ver.