Una semana después de ese encuentro, volvimos a vernos, ahora en un lugar más tranquilo, no tengo idea de donde estábamos pero confíe en él...
¿Qué diablos hago aquí? -llegué a pensar- ni siquiera sabía si estaríamos seguros, pero me relajé con sus palabras y sus ocurrencias... entramos a una habitación cómoda y de buen gusto.
Algo que me encanta de él es que me va llevando poco a poco, su plática me relaja y me hace sentir en confianza. Hablamos de cosas muy variadas y no es nada tosco ni está con insinuaciones baratas como quien solo busca sexo y ya... al contrario, está de lo más relajado y entre risas y miradas me voy relajando poco a poco.
No sé si hay algo que le dé la pauta de que ya estoy relajada, el hecho es que se aproxima a mí en el justo momento, ni antes, ni después.
Nos besamos, suave y profundamente, es un gran besador, son un deleite sus labios y eso es algo que me cautiva, habían pasado muchos años sin que alguien me besara de esa forma como lo hace él.
Esta vez no daré detalles y por menores de lo que ocurrió en esa habitación, que les baste con saber que
me hizo sentir exiquisitamente plena, maravillosamente mujer.
Soy otra a partir de esta noche...
Repaso las escenas en mi mente y mi cuerpo reacciona de nuevo, vibra,
mi piel se eriza y mis latidos se aceleran.
Fué maravilloso verlo otra vez y entregarnos completamente,
tanta pasión acumulada, me hizo disfrutar cada beso, cada caricia,
despertó uno a uno mis sentidos...
Todo él es una delicia, me hizo vibrar y desearlo cada vez más.
Mentiría si les digo que me siento culpable...
... Pero si me siento diferente...
Me siento más Mujer...