miércoles, 23 de septiembre de 2009

Qué noche...



me dejé llevar...
y ¿cómo no? después de esos besos suaves y esas caricias




Desabroché mi vestido y dejé ligeramente expuesto mi escote y sus labios recorrieron mi cuello y bajaron hasta mis pechos mientras yo seguía acariciando abajito de su cintura.

Ay Dios, quería comerlo enterito a besos,  probar cada parte de su cuerpo...
Qué noche!!!


Ahí estaba yo,
deseando a un hombre con todo mi ser,
un hombre muchos años menor que yo…
un hombre desconocido,
un hombre ajeno,
pero que me hacía vibrar de pies a cabeza
y que me estaba ayudando a descubrir algo de mí que ignoraba.

Entre caricias y besos súbitamente me pedió que me diera vuelta, obedecí , subió mi vestido, me acarició y acercó su cuerpo... yo temblaba … y cuando acercó sus labios a mi cuello, sabía que estaba a punto de adentrarse en mi…

... Las luces de una patrulla que pasaba por la avenida, nos hizo dar un brinco y acomodar nuestras ropas rápidamente y alisar nuestras melenas en señal de que ahí no estaba pasando nada… ¿Qué no pasaba nada? Vaya que si !!
Afortunadamente la patrulla siguió su camino y seguramente no nos vió y eso nos dió tiempo de regresarnos al asiento delantero, un poco frustrados, al menos yo me sentí un poco inquieta y grrrrr siiii aun muy exitada pero sabía que ya era hora de irnos, nos estabamos exponiendo mucho.

Llegó la hora de despedirnos y un tanto embriagada de sus besos, su perfume y sus caricias, hice cara de puchero, me recosté unos segundos en su pecho, después el último beso de esa noche y me despedí de él para ir a mi auto y regresar a casa.

Sobra decirlo, pero lo ocurrido me dejó extasiada, honestamente a pesar de que había fantaseado con eso, era solo fantasear y no me creí capaz de llegar a hacerlo.

Conduje despacio de regreso a casa, como sin querer llegar, para evitar interrogatorios, y verme en la necesidad de mentir…
Por fin llegué, todos dormían, me encerré en mi habitación…
no recuerdo cuanto tiempo tardé en dormirme, pero recuerdo que mi piel se erizaba de nuevo al recordar esos momentos.

Hoy, una semana después de ese encuentro, aun siento ese deseo, de besarlo, de tenerlo, de sentirlo, deseo que me haga sentir mujer.



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